No hace mucho, leí un fragmento fuera de contexto de "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez. Aquellas frases sencillas, hechas con palabras absolutamente cotidianas, me pusieron un doloroso nudo en la garganta y despertaron en mí una compasión profundísima que me devolvía la esperanza en la bondad y el ser humano. Ése es el verdadero arte. ¿Por qué extraña magia la disposición determinada de aquellas palabras, sin misterio aparente, me llegó a transmitir su significado con tanta intensidad? Tal vez una serie de frases similares escritas por otra alma no lograra un efecto parecido. Y era todo tan sencillo... Tan simple lo que allí se decía... Pero el calor del corazón que lo escribió aún no se ha disipado y cada vez que alguien vuelva a acercarse, lo percibirá, eterno e infinito. Así es el Arte.