Dame la mano,
apriétala con fuerza,
no te sueltes.
Deja que el agua helada de este río
moje tus pies, sin miedo.
Siente la dolorosa corriente de este amor
distinto,
tan dulce y tan amargo
como un fruto prohibido,
tan hondo como el fondo
del pozo de los sueños…
sin temor.
Que de tu boca escapen los suspiros
enjaulados en tantas noches mudas…
encerrados en los amaneceres
en que tu pecho abre
las puertas de sus jaulas
al deseo…
como si fuera el ángel de tu guarda
a un paraíso
que muchos no conocen...
pero existe.
Lo dicen ojos puros
ardiendo de pasión,
labios cuya sonrisa
son el fiel testimonio
de la pura verdad.
suéltame.
Y recuerda esta noche para siempre…
Y si alguna vez alguien
necesita tu mano,
acuérdate de mí
y ayúdale en la dura
travesía
del Amor.





