Detrás de cada hombre
hay un niño
asustado
con los ojos abiertos
al pánico
de lo terrible
y duro
que es vivir…
Detrás de tus silencios,
de cada uno de tus abandonos,
está el enfado atávico,
la rabia milenaria,
que hace a unos pocos irse
de repente,
levantarse de pronto de esta mesa
a la que no quisieran
en el fondo
haber sido invitados…
y en la que los cobardes
seguimos devorando
los envenenados platos
de un banquete
que no toca a su fin.
Tú y todos los que son
valientes
como tú
deberíais
un día
amotinaros,
estrangular al capitán
de este tétrico barco,
de esta galera abominable
en que hemos convertido
poco a poco
la vida.
Cambiar el rumbo
suicida
de este barco infernal,
izar las velas
y virar
hacia las aguas plácidas
del mar de la Esperanza.
Llevarnos
con el firme remar de vuestros brazos
hasta el sol
de esa isla
que llaman
Paraíso.
Y allí quedarnos
para siempre,
lejos de este suplicio
en que hemos convertido
la existencia.
A salvo
de la insidia,
la argucia,
y la ambición.
Plenos de luz
y sueños…
De gente como tú
dependerá el futuro.
De hombres como tú,
lo sé,
será
la eternidad.
Para Carlos.



1 Comment:
Bellísimo y demasiado cierto.
Un saludo
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