Está calando en ti

mi amor

como la lluvia,

sin dejar de caer,

cala en la tierra.


Va penetrando,

a ciegas,

tus entrañas,

adentrándose a tientas,

lentamente,

buscando los recónditos

veneros

que alimentan

el insondable pozo

de tu alma.


Nutrirá,

sin que nadie lo advierta,

la invisible semilla

que he sembrado en tu pecho.

Y aunque ya no estaré

cuando germine,

habrá en la piel

madura de su fruto

colores que recordarán mis risas…

y aromas que te evocarán mis besos…


Y en ti quedarán,

siempre,

aunque ya me haya ido,

los trazos indelebles del perfil

de estos días…

la inequívoca huella

de mi pié en tu camino…

y la prueba imborrable

de que una vez te amé

que serán estos versos.


Manuel Domínguez Guerra. (cc) Marzo, 2009

30 de abril de 2009

1 Comment:

Anónimo said...

Da pena este silencio ante algo tan bello... por verdadero y profundo.

Quizás no signifique nada, pero a mi me produce un extraño dolor. ¡Será el de mi propia soledad! Que es la soledad de todos, aunque muchos estén tan atareados y distraídos como para ni reparar en ella.

Bueno, es tarde. Gracias por impregnarme de Vida antes del Sueño... y de Sueño... para la Vida.