
En último término, no habría que prestar ninguna atención a la edad. Aceptamos con demasiada docilidad los convencionalismos que se nos inculcan acerca de lo que está o no permitido y bien visto a cada edad. Si nos lo creemos, terminamos siendo victimas de esas arbitrariedades. Cada edad tiene sus aspectos positivos y negativos. Esta vida no da nada sin quitar algo. Lo que sí es verdad es que de la comunicación entre diversas generaciones puede aprenderse recíprocamente. Pero, no nos engañemos, las relaciones afectivas del pasado, basadas en una convivencia prácticamente obligada, tienden a desaparecer en una sociedad que posibilita la independencia económica de los miembros de una familia.
En fin, sólo añadir que yo no creo mucho en la división “juventud” – “vejez”. En todo caso conozco a jóvenes viejos y a viejos jóvenes.
M.Domínguez Guerra. "Viejo" Pintura digital. (cc) 2004


2 Comments:
Totalmente de acuerdo contigo Manuel... siendo enfermero he podido comprobar como los ancianos se ven relegados, ya no a un segundo plano, sino a un tercer, como marcados por su archiconocida "edad"...
Cuando veo alguien anciano... a mi solo se me ocurre pensar cuanto habrá vivido, cuanto podría enseñar de su "experiencia de vida" (seguramente nos dejaría con la boca a abierta),sin embargo... pocas veces superamos esa barrera, la de no ver mas que sus aspecto físico y dejamos que afloren los prejuicios que esta nuestra sociedad nos marca.
Muy de acuerdo con vosotros. Yo sólo tengo la experiencia de mis abuelos y de mis padres, pero lo que es seguro es que paraísos y glorias los hay a todas las edades. No es la edad la que los determina, sino el disfrute de una buena salud entendida de modo integral y total, y no referida sólo a los problemas y limitaciones físicos.
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