Está calando en ti
mi amor
como la lluvia,
sin dejar de caer,
cala en la tierra.
Va penetrando,
a ciegas,
tus entrañas,
adentrándose a tientas,
lentamente,
buscando los recónditos
veneros
que alimentan
el insondable pozo
de tu alma.
Nutrirá,
sin que nadie lo advierta,
la invisible semilla
que he sembrado en tu pecho.
Y aunque ya no estaré
cuando germine,
habrá en la piel
madura de su fruto
colores que recordarán mis risas…
y aromas que te evocarán mis besos…
Y en ti quedarán,
siempre,
aunque ya me haya ido,
los trazos indelebles del perfil
de estos días…
la inequívoca huella
de mi pié en tu camino…
y la prueba imborrable
de que una vez te amé
que serán estos versos.




