
En último término, no habría que prestar ninguna atención a la edad. Aceptamos con demasiada docilidad los convencionalismos que se nos inculcan acerca de lo que está o no permitido y bien visto a cada edad. Si nos lo creemos, terminamos siendo victimas de esas arbitrariedades. Cada edad tiene sus aspectos positivos y negativos. Esta vida no da nada sin quitar algo. Lo que sí es verdad es que de la comunicación entre diversas generaciones puede aprenderse recíprocamente. Pero, no nos engañemos, las relaciones afectivas del pasado, basadas en una convivencia prácticamente obligada, tienden a desaparecer en una sociedad que posibilita la independencia económica de los miembros de una familia.
En fin, sólo añadir que yo no creo mucho en la división “juventud” – “vejez”. En todo caso conozco a jóvenes viejos y a viejos jóvenes.
M.Domínguez Guerra. "Viejo" Pintura digital. (cc) 2004


